Chile odia a Chile

¿Qué es el odio propio? ¿El auto-odio? Podríamos decir que es el sentimiento de desprecio por lo que eres. El rechazo a ti mismo. El prejuicio por un grupo al que tú mismo perteneces. Mejor aún, hagámonos la pregunta  a nosotros mismos para definir este concepto.

¿Cuál es la gracia de TinderSorpresa? Reírnos del moreno y de la gorda con poco ciber-tino para crear un perfil ¿Por qué un tweet con una foto de la Delphos se supone que sean un chiste por sí mismo? Porque hay hombres con visos, porque hay mujeres con pantalones con tajos.

(Machismo, racismo y transfobia, también al ataque)

Odiar a tu vecino. Odiar los rasgos que ves en tu propia cara y en las caras que se te cruzan todos los días, cuando en el metro una mochila te empuja o cuando la micro frena y estas al borde de sacarte la chucha, quedando cara a cara con un rostro que te parece poco agraciado.

El tipo de comportamiento que se ha vuelto tan común en la República de Chile Internet, es querer gritarle al mundo (quien quiera que sea “el mundo”) que tú no eres así. Que te sientes mejor que esta persona tan ridícula y tan fea que hace el ridículo en las redes sociales. Me choca la incongruencia del haber cuasi generado una campaña nacional en contra de un tuitero que se ríe de gordas, chicos, pelos-duros y morenas, mientras que si nosotros “lo hacemos como talla” (A Viña los humoristas, por fa) no hay para que ser tan grave ¿cierto? Tampoco podemos ignorar la valentía que otorga el estar amparado por la colectividad (total todos nos reímos). De esto mejor no nos quejamos ¿Pa’ qué? Así nos volvemos el Anonymous del desprecio a la identidad. De lo que muchos llaman la “falta de identidad”. De lo que yo creo es el desprecio de la misma.

"NEGRA. GUATONA. CUMA."
“NEGRA. GUATONA. CUMA.”

Es momento de enfrentar que las micro-agresiones (aunque poner foto y nombre no me parece tan “micro”) son tan dañinas como las que son más fácilmente identificables. Ir a pegarle a un muchacho que consideres “flaite” está directamente respaldado por la idea de que su forma de ver, hablar y la música que escucha es el remate del chiste. Es tan agresivo como la violencia que identificamos en su actuar cuando te roba el celular, pero siempre evitando olfatear  un poco más para ver qué es lo que rodea el choreo del que fuiste víctima.

Nos reímos a destajo de los rasgos latinos. Nos reímos de lo “roto”. Nos reímos de las personas que componen más de la mitad de Chile y, ciertamente, la gran parte de Latino-América.

Al mismo tiempo, no nos hace ruido que en el comercial de Ripley chanten a la actriz clarita, de ojos azules y apellido compuesto. Ni una mueca nos genera la modelo rubia brasileña que proclama ser tal como nosotros en el comercial de Falabella. Ni nos arrugamos al no ver a una sola persona que nos represente en las teleseries y “representaciones de la vida real”, donde no aparece nadie como nosotros. Producciones donde solo generan caricaturas que nos permiten seguir diciendo que el pobre es flojo o tonto, pero pucha que es chistoso (o se supone que lo sea).

Un pobre
Un pobre

Estos detalles los vemos diariamente en el actuar de todo mundo. Las representaciones erróneas nos bombardean todo el día. Aquí cachamos que nos han plantado la semilla del odio, pero contra nosotros mismos. Todo esto queda en evidencia cuando un espejo de lo que somos nos hace explotar en carcajadas, hasta en desprecio, pero un retrato detallado de aspiraciones inalcanzables e impuestas solo genera conformidad y admiración adoctrinada.

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