El Problema Con Los Piropos

La primera vez que fui abusada fue el 2009 por un hombre que llamaremos C. Conocí a C por una amiga que me invitó a uno de sus carretes. C vivía solo, tenía 22 (y yo 19) y se sacaba los mansos carretes con harto pito y harto copete en una terraza grande donde escuchábamos hip hop gangsta o rock clásico. Los parlantes de donde salía la música estaban conectados a un PC en la pieza de C, así que había que entrar a la casa para cambiar la música.

Un día entré a la casa, me gusta el hip hop gangsta y supongo que quería alumbrar mi conocimiento sobre el género. El problema es que C me siguió sin que me diera cuenta. C cerró la puerta tras de sí. C se me tiró. C me dio un beso forzado. C me empujó a la cama. C me desvistió a la fuerza. C me violó.

A pesar de que había más gente en la casa, no pedí ayuda. Mi mente se fue a otro lugar, fue como si se separara de mi cuerpo. A lo mejor era la vergüenza que sentía. A lo mejor era la culpa por estar media copeteada y volá. A lo mejor era el miedo que sentía de ser juzgada, miedo de ser excluida de ese grupo de “amigos”, miedo de quedarme sola.

Así que nunca le conté a nadie y seguí carreteando con ese grupo como si nada, aparentando normalidad a pesar de que me daba terror estar a solas con C, lo evitaba y me daban escalofríos cuando me miraba.

Finalmente corté lazos con este grupo cuando me enteré de que C manoseó a una amiga cercana mientras ella estaba apagá de tele. Le pregunté piolamente a otra gente del grupo si este comportamiento era común por parte de C y me dijeron que sí.

Me emputecí. Todos sabían y nadie hacía nada. No sé si veían a las mujeres como objetos desechables o si valoraban los carretes más que nuestro bienestar (a pesar de que varias veces en conversaciones de curaos me dijeron que me querían caleta) o si tenían el mismo temor mío de quedarse solos.

Sea como sea, no volví más a esa casa culiá y borré a C de toda red social o forma de contacto posible. Su versión es que nos volvimos locas y le dimos color, porque ser mujer significa que tu sanidad mental se pone automáticamente en duda.

La segunda vez que fui abusada fue por una mujer, que llamaremos N, hace unos pocos meses. N y yo nos conocimos en un carrete en Bellavista, hubo química y un par de días después me invitó a salir. Nos juntamos en la tarde a fumarnos un caño en una plaza, conversamos por horas y todo parecía bacán. Cuando ya estaba oscuro, me invitó a hacer la previa en un departamento de una amiga de ella en el centro, para después partir a Bella. Ella andaba en auto, así que me dijo que no nos demoraríamos nada en llegar. Yo no quería llevar la relación muy lejos ni muy rápido, pero sí tenía muchas ganas de tomarme una chela, así que accedí ir al depa para después tomar micro en Bella e irme a mi casa, lo que a ella le pareció bien.

Sin embargo, cuando llegamos al depa, solo habían cuatro o cinco personas más, lo que me pareció raro, pero como era temprano, tipo diez, pensé ingenuamente que iría llegando más gente. En verdad se fueron yendo de a poco hasta que N y yo quedamos solas.

Nerviosa y sin tener cómo irme, porque básicamente si estoy lejos de la Alameda cago, le dije a N que tenía sueño y que me quería acostar. Eran como las dos de la mañana y N me mostró una pieza, cerrando la puerta tras de sí. Ya ni me acuerdo cómo me sacó la ropa ni qué hueá me hizo, de nuevo mi mente se desconectó de mi cuerpo. Solo recuerdo mucho dolor, haber llorado y gritado para que parara, pero no había nadie que pudiera ayudarme. En la mañana descubrí que las sábanas estaban llenas de manchas de sangre, y no, no estaba con la regla.

N solo se rió del asunto, se llevó las sábanas para lavarlas y, como andaba en auto, ofreció llevarme a mi casa. La idea de que supiera donde vivo me daba miedo, así que le inventé que tenía que hacer un trámite y que me dejara en algún metro, aparentando normalidad nuevamente.

Huí. Apenas me encontré en un lugar seguro me desmoroné y lloré como nunca lo había hecho. Me sentía sucia, estúpida, sola, asustada, culpable.

Me demoré en llamar estos hechos por su nombre: abuso sexual. Logré hacerlo solo cuando una amiga me contó de sus propias experiencias, muy similares a las mías, y usando precisamente esa expresión, algo que fue catártico para mí porque finalmente acepté que no era mi culpa. No me lo busqué. No me lo merecía. Ellos me extirparon de mi albedrío como ser humano. Ellos cometieron un crimen.

Ahora, ¿qué tiene que ver esto con los piropos? Bueno, la mayoría, en mi experiencia, son de índole sexual. Mi mente los asocia inmediatamente al riesgo de abuso sexual. Muchas veces he tenido que llegar a encerrarme al baño de mi universidad o de alguna pega a llorar por la angustia e impotencia que provocan.

Muchos pensarán que le doy color, es la respuesta típica de gente que no ha vivido este tipo de experiencias, pero por conversaciones que he tenido con otras mujeres sé que no estoy sola en esta sensación de amenaza o peligro.

Esta misma sensación no se traduce en las campañas anti-piropos que he visto, sino que se quedan en el humor o en el estereotipo de la mujer fuerte exigiendo respeto. En mi opinión, se pierde de vista la naturaleza del piropo de demostrar poder sobre una mujer, por lo que también se pierde la capacidad de generar empatía, que podría ser un arma más poderosa. Imaginar mujeres piropeando hombres se considera chistoso precisamente porque es poco realista, porque nosotras estamos más abajo en esta jerarquía social: rara vez un hombre se sentirá en peligro en presencia de una mujer.

Esto no es todo. Múltiples estudios muestran que chistes sobre acoso sexual, categoría bajo la cual caen muchos piropos, tienen una relación positiva con:

  • Una mayor tendencia a culpar a víctimas de violación.
  • Mayor aceptación del deseo de violar.
  • Menor entendimiento de la violación como un problema grave.
  • Menores ganas de castigar violadores.

Esto suena bastante similar al carente sistema judicial, que tarda mucho tiempo en dictar un veredicto; te hacen contar la historia una y otra vez, reviviendo tu experiencia; te hacen enfrentarte al violador en un juicio, sin considerar el daño emocional; si el caso se hace público, se tiende a culpar a la víctima por atreverse a tomar y pasarlo bien o atreverse a vestirse con ropa reveladora por sentirse bien con su cuerpo u osar andar sola en la calle en la noche o qué se yo qué excusa imbécil que justifique al violador, quien fue finalmente quien traspasó el límite y cometió un crimen. Al final, rara vez se llega a una condena porque pocas veces hay evidencia, todo parece un circo para humillar a la víctima.

Nunca deja de sorprenderme el hecho de que justifiquen al piropo o la violación o cualquier tipo de violencia sexual. “Es que los hombres somos más calientes”, “es que ustedes son muy ricas”, “es que capaz qué cosa andaba haciendo esa mina”. ¿Se imaginan justificando así a un lanza o un asesino o incluso a un plagiador? No po, en esos casos se asume que los humanos tenemos más autocontrol que un perro y que sabemos distinguir lo que está bien de lo que está mal. En fin, son increíbles las contorsiones mentales que cometen algunos con temas de violencia sexual.

No es no y ¿quién te dio permiso pa comentar sobre mi cuerpo, patúo culiao?

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